Receta de Solomillo con champiñones
Hay platos que son ricos e incluso elegantes, pero que al mismo tiempo sorprenden por lo fácil que es prepararlos. Son un arma secreta que debemos tener siempre a mano cuando queremos lucirnos sin complicarnos demasiado. Este solomillo con champiñones es de esos.
No requiere de una lista interminable de ingredientes ni de técnicas imposibles, solo un par de decisiones acertadas y ganas de comer bien. La clave está en sellar bien la carne para que quede jugosa y en darle a la salsa el punto justo de cremosidad sin que se convierta en una sopa.
Esta es una de esas recetas que preparo cuando quiero algo contundente y que sé que todos disfrutan, pero sin pasar horas en la cocina. Y, como siempre, te cuento el porqué de cada paso para que te salga perfecta desde la primera vez.
Otra receta fácil de preparar pero que te hace ver como todo un chef profesional es esta sopa de cebolla. Además, es un plato rico y reconfortante.
Receta de Solomillo con champiñones
Dificultad: Medio3
raciones45
minutosIngredientes
400 g de solomillo en un trozo
1 cebolla mediana
1 pimentón rojo o verde
1 lata de champiñones (o 5 o 6 champiñones frescos)
2 cucharadas de mantequilla
Un chorrito de vino blanco o tinto
Un chorrito de vinagre (opcional, para dar un toque de acidez)
½ taza de caldo de carne o agua
1 cucharadita de maicena (fécula de maíz)
Sal y pimienta al gusto
Aceite de oliva o vegetal para la sartén
Preparación
- Antes de empezar limpia bien la carne, revisa el solomillo y retira todo el tejido conectivo, esa parte que parece una grasa dura. Esto no solo mejora la textura, sino que evita que al morder el trozo te encuentres con una fibra incomible. Deja la carne lo más limpia posible y sécala con papel de cocina para que luego se dore bien.
- Ahora vamos a sellar el solomillo. Pon una sartén grande a fuego fuerte con una cucharada de mantequilla y un poco de aceite (el aceite evita que la mantequilla se queme). Cuando esté caliente, coloca el solomillo y sella cada lado durante unos 5 minutos, incluyendo los bordes. Este tiempo es solo una referencia, el tiempo real dependerá del grosor de la pieza. La clave está en asegurarse de que quede dorado por fuera y jugoso por dentro.
- Deja que repose la carne unos minutos sobre una tabla o un plato mientras preparas la salsa. Si la cortas en caliente, perderá todos sus jugos y quedará seca.
- Prepara la salsa en la misma sartén. Aprovecha los jugos y el sabor que ha soltado la carne. En esa misma sartén (no hace falta lavarla), añade otra cucharada de mantequilla y saltea primero el pimentón cortado en tiras o cubos. Cuando empiece a ablandarse, incorpora la cebolla picada y los champiñones (escurridos si son de lata o laminados si son frescos). Saltéalos todos juntos hasta que la cebolla esté transparente.
- Vierte el chorrito de vino y el de vinagre. Sube un poco el fuego para que el alcohol se evapore y los sabores se concentren. Añade el caldo o el agua y deja que todo hierva unos minutos, removiendo de vez en cuando, hasta formar una salsa. La idea es que los vegetales se integren con la salsa, pero que no quede demasiado líquido.
- En un vaso pequeño, disuelve la cucharadita de maicena en un poco de agua fría (unos 3 o 4 dedos). Cuando veas que la salsa ha reducido un poco, agrega esta mezcla y remueve constantemente hasta que la salsa tome una textura sedosa.
- Prueba y ajusta sal y pimienta.
- Corta el solomillo en rodajas gruesas, sirve sobre un lecho de la salsa de champiñones y pimentón, y termina con un poco de perejil picado. El contraste entre la carne jugosa y la salsa aterciopelada es lo que hará que tus invitados pidan más.
Consejos
- Una variación interesante de este plato es el lomo de cerdo con champiñones, simplemente sustituye el solomillo de res por la misma cantidad de lomo de cerdo.
- Una buena guarnición para el solomillo es este puré de papas de Ina Castro. Ella recomienda enfáticamente este acompañante, y la verdad que va bastante bien.
En el sellado está el secreto del sabor
Cuando ponemos la carne en una sartén muy caliente, ocurre algo que transforma por completo su sabor, y es la reacción de Maillard, que es la responsable de esa costra dorada y aromática que tanto nos gusta. Para que esta reacción ocurra y consigamos el resultado que deseamos, la superficie de la carne debe estar seca. Por eso es importante secarla con papel de cocina antes de ponerla en la sartén. Si está húmeda, el agua se evaporará primero y la carne se cocerá en lugar de dorarse, y tu receta perderá sabor.
El fuego alto también es fundamental porque si la sartén no está lo suficientemente caliente, la carne queda gris y sin gracia. Por eso es muy importante que te asegures de tener el fuego alto y que la sartén esté bien caliente antes de poner la carne.
Tienes más información sobre este proceso en nuestro artículo dedicado a la reacción de Maillard, donde lo explicamos con detalle y te contamos cómo aplicarla en otras preparaciones.
El detalle de la maicena
La maicena es un gran aliado cuando buscamos una salsa con cuerpo sin añadir nata ni harina. Funciona como un espesante neutro y, si se disuelve bien en frío antes de añadirla, evita que se formen grumos. Es un recurso rápido y efectivo, igual de válido para un salteado improvisado que para una salsa más elaborada.
Pero debes tener cuidado con no cocinarla en exceso ni añadirla en seco. Si la agregas directamente a la salsa caliente, se formarán grumos, y adiós a la textura sedosa. Disolverla primero en agua fría es el truco para que se integre de manera homogénea.
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